jueves, 8 de marzo de 2012

Tras el Alzheimer...

Estaba leyendo este artículo en "El País", y a parte de saltarme las lágrimas, cosa que no me sorprende ni me llama la atención, me he puesto a pensar...

¿Quién está tras de un enfermo de Alzheimer?

Sé que siempre iré a parar al mismo sitio, pero creo que trabajar con ellos y haberlo vivido en primera persona del singular y del plural y del presente y del pasado y de todos los tiempos verbales me hace volver una y otra vez sobre mis pasos y reiterarme en el tema.

Tras una persona con Alzheimer tenemos, a saber:

  • Al propio enfermo. Porque tras la enfermedad queda una persona que en los inicios se da cuenta de lo que le está pasando, es consciente de la que se le viene encima y se mortifica y hace cruces pensando en lo que va a hacer pasar a los que tiene con él/ella. Porque al fin y al cabo, él/ella no se va a acordar.
  • A la familia. A esos hijos que saben que, rondando 2 añitos, el que le llamaba por las noches para preguntarle qué tal el día no va a estar ya ahí. Casi ni el físico quedará. Porque la enfermedad le afilará los rasgos y le vaciará la mirada y le hará mearse encima a la que se descuide. Quedará sólo el hacerse cargo de él/ella, de rezar cuando se vaya a la cama (el hijo) para que no se escape (el padre). De esperar que no necesite cuidados muy grandes, porque no se los va a poder dar, porque tendrá que trabajar y llevar dinero a casa y no podrá quedarse a ver cómo su madre se toma el desayuno 3 veces y hace el intento de tomarse la medicación otras 2.
  • Los amigos. Si la persona es joven y tiene una vida social activa, quedará la cara de los amigos cagados de miedo pensando en que a ellos también les puede tocar. Y por si acaso se contagia, y como total no se entera, nos cagamos en ir a visitarle porque pa' qué. En el caso de que sea una persona muy mayor, probablemente los amigos estarán igual o peor, y en ese caso quedan exonerados de la responsabilidad de la visita. Con llamar de vez en cuando vale.
  • El médico que diagnostique. Porque tiene que ser un palazo decirle a alguien de cincuentaypocos que se le va a ir la pinza y que se vaya preparando. Y que se tome estas pastillitas, que no creo que hagan un carajo pero habrá que intentarlo.
  • El equipo multidisciplinar, en caso que acabe en una residencia. Esa psicóloga que lo más que puede hacer es "cuantificar" a lo largo del tiempo la cantidad de cerebro que se le ha hecho puré. Esa animadora sociocultural que lo más que puede hacer es darle un lápiz y decirle: "toma, pinta". Esa enfermera que como mucho puede machacarle las pastillas para que se las tome... sí, esas que no creemos que hagan nada, pero que habrá que probar... Esa auxiliar que lo que puede (y debe) hacer es esquivar los puñetazos en la fase agresiva que a todos les llega...
Pero todos, todos, absolutamente todos, pueden hacer algo por el enfermo: darle besos, darle la mano y llevarle con ellos. Darle un mimito y un achuchón. Darle todo el cariño que puedan, porque aunque mañana no recuerden que fuiste tú quién se lo dio, no importa. Creo que pueden recordar el sentimiento, el sentirse queridos, el saber que alguien no ha dejado de quererles porque ellos ya no se acuerden.

Ains. Tía, cómo me gustaría que siguieras aquí.